¿Realmente la inteligencia artificial “roba” a los ilustradores su arte? Un análisis en profundidad.
- Juanma

- 12 jul 2025
- 3 Min. de lectura
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el mundo creativo y literario ha abierto un debate apasionado y muy polarizado. Para algunos artistas e ilustradores, estas herramientas representan una amenaza existencial. Para otros, son una evolución natural de la tecnología al servicio de la creatividad. En medio de esta discusión, surgen afirmaciones como “la IA roba el trabajo de los ilustradores” o “entrenar modelos con obras protegidas es poco ético”.
¿Qué tan ciertas son estas ideas?
Vamos a analizarlas con calma y algunos datos.
1. Estar demandado no significa ser culpable.
Es habitual citar a empresas como MidJourney, Stability AI o OpenAI como “poco éticas” porque están siendo demandadas por artistas e ilustradores. Sin embargo, conviene recordar un principio básico del derecho: "Una demanda no es una condena".
En sistemas judiciales como el estadounidense, cualquiera puede presentar una denuncia, pero eso no convierte automáticamente en culpable a la parte acusada. Casos similares en el pasado, como Google Books (escaneo masivo de libros) o YouTube (por contenido protegido), fueron resueltos a favor de las plataformas tecnológicas. Los tribunales determinaron que el uso de datos para aprendizaje, análisis o generación de nuevos contenidos puede considerarse de uso legítimo siempre que no haya reproducción literal ni explotación comercial de las obras originales.
Reflexión: Antes de acusar de “robo”, conviene esperar a sentencias firmes que definan los límites legales de esta tecnología.
2. La IA no “almacena” ni “reproduce” obras con copyright.
Existe un mito persistente según el cual las IA “se alimentan” de obras protegidas y luego las regurgitan tal cual. La realidad es muy distinta: Los algoritmos aprenden patrones estadísticos sobre formas, colores, estilos y composiciones a partir de millones de datos. No almacenan las imágenes originales ni las reproducen de forma literal.
El paralelismo con un artista o un ilustrador es inevitable: Cuando un estudiante de Bellas Artes analiza las técnicas de Rembrandt o los estilos de Studio Ghibli, no está “robando” sus obras. Está absorbiendo conocimiento para crear algo propio.
Pregunta: Si una persona puede estudiar y reinterpretar estilos sin infringir copyright, ¿por qué no una IA?
3. ¿Sin copyright? No significa “sin protección”.
En algunos países, como México, las oficinas de derechos de autor (INDAUTOR) todavía no permiten registrar obras generadas íntegramente por IA. Esto lleva a algunos a pensar que cualquier persona podría apropiarse de estas imágenes y usarlas libremente. Pero esto es falso.
La protección legal puede provenir de otras vías: Las licencias comerciales que otorgan las plataformas de IA a sus usuarios. Por ejemplo, MidJourney concede a sus suscriptores una licencia para utilizar las imágenes generadas en proyectos personales y comerciales. Este contrato protege al usuario aunque la imagen no esté registrada como obra de autor.
Ejemplo: Usar una foto de stock tampoco requiere registro en derechos de autor para que sea ilegal copiarla o redistribuirla.
4. La autonomía de los artistas e ilustradores ya está en camino.
Muchos artistas reclaman el “derecho a decidir” si sus obras pueden formar parte de los datasets de entrenamiento de las IA. Aunque esto suena razonable, es importante matizar: El entrenamiento no implica copiar ni almacenar las obras, sino analizarlas para aprender tendencias y estilos generales.
Aun así, algunas empresas ya están avanzando en esa dirección. Adobe Firefly, por ejemplo, solo entrena sus modelos con obras con licencia o de dominio público. Stability AI está desarrollando mecanismos para que los artistas puedan optar por excluir sus trabajos de futuros entrenamientos.
Clave: La industria se está adaptando de forma voluntaria, incluso antes de que existan leyes específicas.
5. Inspiración vs. plagio: La frontera siempre fue difusa.
Entre los propios artistas e ilustradores, la línea entre inspiración y plagio ha sido objeto de debate desde hace siglos. ¿Hasta qué punto un estilo puede considerarse “propiedad” de alguien? Las leyes de copyright ya definen claramente que solo existe infracción cuando hay una reproducción literal o sustancial de una obra.
Mientras las imágenes generadas por IA sean originales y no reproduzcan obras existentes de forma directa, no hay base legal para hablar de plagio.
Conclusión: La IA es un cambio de paradigma, no un enemigo.
La inteligencia artificial no es un ladrón de arte. Es una herramienta poderosa que, como la fotografía o el diseño digital en su momento, genera resistencia porque cambia las reglas del juego. La clave está en regular su uso de manera justa, protegiendo los derechos de los creadores e ilustradores sin frenar la innovación.
Los artistas que sepan integrar estas nuevas tecnologías en su flujo creativo probablemente estarán mejor posicionados en el futuro. Porque la historia nos enseña algo claro: las herramientas cambian, pero el talento sigue siendo insustituible.











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